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Ya No Vives Como Huérfana

Día 7: Ya No Vives Como Huérfana


Lectura bíblica


“Pues ustedes no han recibido un espíritu que los esclavice al miedo. En cambio, recibieron el Espíritu de Dios cuando Él los adoptó como Sus propios hijos. Ahora lo llamamos: «¡Abba, Padre!»”


— Romanos 8:15 (NTV)


Devocional


Las heridas pueden hacernos sentir solas.


El rechazo puede hacernos creer que no pertenecemos.


Las decepciones pueden convencernos de que siempre tendremos que luchar por nuestro lugar.


Sin darnos cuenta, comenzamos a vivir con un corazón de huérfana.


No porque realmente estemos solas.


Sino porque olvidamos quién es nuestro Padre.


Un corazón huérfano vive intentando demostrar que vale.


Busca aprobación constantemente.


Tiene miedo de ser rechazado.


Le cuesta recibir amor porque piensa que debe ganárselo.


Pero una hija amada vive diferente.


No necesita luchar por un lugar en el corazón del Padre.


Ya lo tiene.


No necesita demostrar que merece ser amada.


Ya lo es.


No necesita vivir con miedo al abandono.


Porque sabe que Dios nunca la dejará.


Eso fue precisamente lo que Jesús hizo por nosotros.


No solo vino a perdonar nuestros pecados.


Vino a reconciliarnos con el Padre.


Vino a abrir el camino para que pudiéramos acercarnos con confianza y llamarlo:


“Abba, Padre.”


“Abba” era la forma más cercana y afectuosa con la que un hijo pequeño llamaba a su padre.


Es una palabra que expresa intimidad, confianza y seguridad.


Eso significa que Dios no quiere una relación distante contigo.


Él desea que vivas con la tranquilidad de una hija que sabe que pertenece a Su familia.


Quizás durante muchos años viviste tratando de ganar amor.


Hoy el Padre te recuerda que Su amor no se gana.


Se recibe.


Y cuando esa verdad desciende del corazón a la vida, dejamos de vivir como huérfanas para comenzar a caminar como hijas profundamente amadas.


Reflexiona


¿En qué áreas de tu vida has estado actuando como si tuvieras que ganarte el amor o la aprobación de Dios?


Oración


Abba, Padre, gracias porque en Cristo me has adoptado como Tu hija. Perdóname por las veces que he vivido con miedo, buscando aceptación donde solo Tú puedes darme verdadera identidad. Ayúdame a descansar en Tu amor y a vivir cada día con la seguridad de que pertenezco a Tu familia. Gracias porque nunca me abandonarás. En el nombre de Jesús. Amén.


Para recordar


🤍 No vives como huérfana. Eres una hija profundamente amada por el Padre.

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